
En la cara se producen dos tipos de arrugas, por un
lado las de expresión y por otro las depresiones
por caída y laxitud de la piel.
Las arrugas de expresión se producen por la mímica
y los gestos, por lo tanto son más importantes
o notorias en la gente que gesticula más. Estas
son:
- Arrugas periorbiculares o
patas de gallo.
- Líneas horizontales
en la frente.
- Líneas verticales en
el entrecejo.
- Todas estas pueden ser tratadas
con el Botox®.
La toxina botulínica tipo A -
Botox®, es una medicación que provoca
la relajación de ciertos músculos de expresión
de la mímica facial.
Al relajar los músculos que producen las arrugas,
la piel se distiende y las arrugas desaparecen o atenúan
en caso de que ya la piel este marcada, además
al modificar selectivamente el tono muscular, es decir
el estado de semicontracción, permite modificar
la posición de las cejas mejorando el aspecto
de los ojos y la mirada. Este tratamiento es lo que
se llama lifting químico.
El efecto del Botox® es transitorio, es decir que la
duración del efecto es limitada en el tiempo
y los músculos tratados recobran su tono y acción
por lo que luego la mímica se reestablece y por
ende la arrugas.
La complicación que puede ocurrir con la colocación
de toxina botulínica tipo A -
Botox®, es la parálisis del músculo
elevador del párpado superior. Esto provoca la
caída del párpado y por ende una dificultad
en la visión. Este problema es transitorio, aunque
no por esto menos grave. Esto se previene con la colocación
adecuada del producto.
Cabe aclarar que las arrugas del pliegue nasogeneano,
las comisuras, y los labios, también pueden ser
debidas a la mímica, pero su tratamiento con
Botox® produciría una alteración de los
gestos personales, por lo que no recomendamos este tratamiento
sino un relleno con otro tipo de sustancias.
Como conclusión se puede decir que el tratamiento
del envejecimiento con Botox® da excelentes resultados,
con mínimas complicaciones cuando es aplicado
por médicos experimentados.
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